Enemigo público número 1: radicales libres

Cosmética naturalon Julio 28th, 2011No Comments

0Tras plantearme el poner un dibujillo de manifestantes o “antisistema”, que es a lo que suena el nombrecito dichoso que se les ha dado, me he decidido por esta carilla de miedo que tienen estos personajes de erase una vez la Vida, que seguro que es la que inspiran los radicales libres a las células.

Temidos y famosos, está claro, pero, ¿sabemos qué son? ¿Hasta qué punto la mayoría de la gente no piensa que se trata sólo de belleza y no de una amenaza real a nuestra salud?  ¿Sabemos qué los crea y cómo evitarlos? Pues estos temas dan para un libro pero vamos a hacer un acercamiento, y por supuesto, de cara al trabajo en cabina y en casa con productos cosméticos naturales, hablaremos un poco del germen de trigo.

Radicales y extremistas

Los radicales libres son átomos de oxígeno (o moléculas que tienen oxígeno) con un electrón libre en la órbita externa. Para los que tienen química orgánica un poco olvidada, esto quiere decir que están inestables y reactivos. Ese electrón libre va a buscar contínuamente hacer reacciones para estabilizarse, es decir, robar un electrón a otra molécula o átomo. Esto convierte a la molécula o átomo robados en un radical libre a su vez. De hecho un radical libre puede dañar de esta forma como una ola de robos a 1 millón de moléculas por segundo.

toxic-wasteEl organismo las produce en cantidades limitadas, para producir energía y como arma para dañar virus y bacterias, pero si existen en alta cantidad en un organismo su exceso de energía daña y oxida los tejidos a nivel celular, el más peligroso. Interrumpe el ADN, altera los lípidos de la membrana celular (que protege la célula y media para conseguir su nutrición) y afectan en el metabolismo de las prostaglandinas y proteínas (base de la salud del cuerpo, y respuesta a la alergias y agresiones). Además ataca al tejido conjuntivo, al colágeno, elastina y ácido hialurónico, por lo que produce trastornos de envejecimiento, que no es sólo flacidez y arrugas, sino fibrosis, esclerosis, etc. Si aún os parece poco, los fallos estructurales, de ADN y de membrana en las células hacen que se alimenten mal (no absorben bien los nutrientes ni los procesan correctamente), acumulan residuos inútiles y no eliminan bien los desechos. Esto provoca ensuciamiento del mesénquima y muerte celular.

El problema es que los radicales también nos llegan de fuera: la luz solar y las radiaciones UV, el humo del tabaco y la contaminación atmosférica, los aceites de cocina procesados, los polucionantes de aguas (detergentes, fosfatos…), las margarinas hidrogenadas, los alimentos asados, quemados o a la brasa, los metales pesados (presentes en desodorantes, antiácidos estomacales, algunos pescados…), aditivos, pesticidas, abonos químicos, fármacos, etc. Y por si fueran pocas causas, el estrés, ese gran “amigo” que perturba la síntesis hormonal y favorece la desmineralización, nos deja sin protección ante ellos.

Los síntomas siempre se inician por desórdenes funcionales poco concretos, síntomas de envejecimiento prematuro, malestar general, cansanco físico y psíquico, etc. Si no se soluciona va degenerando en alteraciones orgánicas y al final en trastornos crónicos y/o degenerativos.

Buenas noticias

Resulta que tenemos formas de protegernos (menos mal, ¿no?), así que no saltemos las alarmas aún. ¿Nos ponemos manos a la obra?

Primero estarían los sistemas de protección endógenos, propios de todas las células animales y vegetales. Para dejarnos de tecnicismos, lo que tendremos que asegurarnos es de que el cuerpo tenga las herramientas para activarlos, por lo que necesitamos un aporte suficiente de zinc, cobre, manganeso y selenio (oligoelementos presentes en diversas verduras, entre otras cosas).

Y por otros lado tendríamos los exógenos, es decir, los sistemas de protección que podemos aportar como antioxidantes y catalizadores de los radicales libres. Los mayores serían:

- La vitamina E, que se posiciona en la membrana y la protege de la oxidación. Inactiva totalmente el O2 singlete, un radical libre que proviene de la radiación solar en la piel. Junto con el selenio previene mutaciones celulares (cáncer de piel por ejemplo).

- La vitamina C es el principal antioxidante a nivel sanguíneo, además de que ayuda a la vitamina E en su protección de la membrana. Un día hablaremos largo y tendido de esta vitamina.

- Betacaroteno (provitamina A), que el cuerpo convierte en vitamina A y completa la acción de la vitamina E. Protege la epidermis de las agresiones solares, además de ser importante también en pulmones y tejidos respiratorios.

- Moléculas vegetales antioxidantes, que ayudan a eliminar los radicales libres y protegen de ellos la pared venosa. Se les llama también vitamina P y son los famosos bioflavonoides, pigmentos fitoquímicos que protegen a las plantas (y a quien las consume) de los radicales libres, además de apoyar a la vitamina C. Entre ellos destaca el resveratrol (que está presente por ejemplo en el escobajo de la uva y el vino tinto joven) y la luteína (en la caléndula).

Por supuesto sólo hablamos de las propiedades relacionadas con los radicales libres.

Aceite de germen de trigo

Es la principal fuente natural de vitamina E, por lo tanto protege efectivamente del fotoenvejecimiento y de la acción de los radicales libres en la piel, por lo tanto protegiendo las células y favoreciendo la regeneración tisular.

También aporta minerales y oligoelementos, aumentando la elasticidad de la piel. Por ello se puede usar para prevenir estrías (aunque como sabéis para esto solemos recomendar preferiblemente almendras dulces o avellanas). Es un maravilloso hidratante y antienvejecimiento, no sólo como prevención, sino que con un uso continuado solo o en crema (preferiblemente apoyado por aceites esenciales como incienso, sándalo Mysore, palo de rosa o geranio) matizará las líneas de expresión y hará desaparecer las arrugas típicas de una piel deshidratada.

De hecho a la hora de “tunear” una crema facial para una persona con tendencia a la deshidratación o en veranito, cuando el sol más aprieta, yo siempre suelo usar este aceite como base, ya que mejora infinitamente la calidad y resultados de la crema.

Además también se recomienda su uso para eliminar las marcas de acné y pequeñas cicatrices, preferiblemente con aceites esenciales de neroli y lavanda, e incluso mezclado con aceites de alta potencia de regeneración a diferentes niveles, como son el hipérico San Juan o el cacahuete.

El aceite de germen de trigo de Gandiva es de primera presión en frío, algo indispensable para que mantenga un nivel óptimo de vitamina E, frágil ante las altas temperaturas. Al no estar refinado se absorbe más rápidamente, no deja ninguna sensación grasa, pero por supuesto no es el más apto para un masaje prolongado. Aunque la calidad de este aceite es tanta que sería una maravilla como complemento a nuestra alimentación (rico en ácidos grasos esenciales), es masculinizante y no recomendamos su uso en cocina.

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